Hoy volví al mirador. Emprendí la caminata de todos los días y, aunque no era ese mi destino un paso llevó al otro. Fui por esta calle, después por aquella y desemboqué en el mar. Crucé la calle de tierra y puse firmes los pies para descender por ese camino sinuoso. El mar estaba especialmente hermoso, con ese color celeste plateado característico de la mañana y esos destellos de vida. Caminé un rato por la orilla hasta frenar mi andar en determinado lugar. Parecía que algo externo manejaba esos movimientos por mí. La brisa era fresca y calma, cerraba los ojos y la sentía golpear contra mi cara. Respiraba hondo. Los pies se hundieron en la arena profunda, abajo y cada vez más abajo. … ¡Me estoy ahogando! Sentía como si la arena en los pies en realidad presionara mi garganta, y otra vez esos aleteos en la boca del estómago. No son mariposas…no. Se siente ese movimiento aleatorio que agita la respiración y de a momentos pareciera dejarte sin aire. Se mueve de un lado al otro. Las manos habían empezado a temblar, es hasta que se me pase nomás, ya lo sé. Una ola se aproxima a la orilla más grande que de costumbre y los pies no se mueven. Justo cuando parece que iba a arrasar con todo agito mis manos y despierto. Era uno de esos sueños en los que parece que te caes y te despertás de un salto inesperado.
...La Vida Es Arte...